El hombre frente al vacío


En la soledad del escenario. Justo en el momento preciso en el que espera el resto de la banda. Justo en el primer segundo exacto cuando todo está en silencio y solo una guitarra acústica y tu voz están rompiendo el espacio, ese es el momento mágico.
La audiencia está esperanzada. Las luces permanecen encendidas y estás completamente solo en un lugar vacío entre la gente y el escenario. Solo en un tiempo indefinido con un acorde y el eco de tu voz rebotando contra el techo. A solas con Dios.
Ese es el momento en el que me siento más como yo. Cuando soy yo y ya está. Sin disfraces. Sin adornos. No hay reflejos deformados de un hombre en un espejo. Solo una voz sencilla, humilde, limpia y sincera. Un alma que se expresa sin expectativas.
En ese momento, no se necesita nada. Sin aplausos. Y sin reconocimiento. Sin prestigio. Y sin popularidad. Solo la dicha de ser parte del universo con el resto de todos los que están allí. Ser como uno solo. Ese es el sentimiento más honesto que puede sentir un artista. Porque este momento es real. Este momento es cierto.
Lejos de las expectativas, cada corazón late al mismo tiempo. Y cada voz brilla con su propia luz. En el borde del vacío silencioso. Ese es mi momento favorito en un concierto. Cuando todos vosotros también sois el artista. Cuando tu música es mi música y nuestras manos podrían cambiar el mundo con un chispazo.
De todas formas. Hay nuevo concierto este viernes y muchos más en los próximos meses. Y nuevas canciones están en el horno. Cocinándose a la lenta luz del estudio. En la fábrica de sueños y esperanzas.
Muchas gracias por estar ahí, creyentes. En todos los sentidos. Llenando mi espacio con vuestra hermosa presencia.
Love
Ian

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